La arquitectura, en su definición, tiene implícito el artificio. Es una construcción hecha

por y para el ser humano que depende de nuestra técnica y de nuestra capacidad de creación.

Es un ente abstracto y geométrico que aparece impasible ante la naturaleza. Pero, la

arquitectura de Frank Lloyd Wright está más allá de esta definición. Su perspectiva revolucionó

la forma de concebir el espacio arquitectónico durante el siglo XX, dotando de un nuevo

significado al diseño, difuminando las fronteras entre el artificio y la naturaleza.

Si volvemos a la idea de construcción, Platón afirmaba que todo lo que se produce; se

ha producido y se producirá, se deben a la "physis", es decir, a la naturaleza, a la "techne", al

trabajo manual del hombre o bien, a la “tyche", al azar. Para el filósofo, las realidades más

grandes y más bellas eran las obras fruto de la naturaleza y del azar, mientras que las más

pequeñas las asociaba a las técnicas manuales del ser humano. El desafío que Wright platea

en sus obras difumina las fronteras que Platón determina entorno a la creación. El arquitecto,

consigue integrar estos dos mundos tan opuestos que plantea el filósofo. Si la naturaleza es la

gran creadora, Wright consigue integrarla en su obra, de modo que, en sus construcciones,

combina los espacios naturales con los espacios artificiales. En esta dicotomía se encuentra la

clave de su obra, en la armonía entre el mundo construido y el mundo natural.

De este modo, Wright, organiza el espacio de forma en que se utilizan formas y siluetas

orgánicas, y a la vez, líneas geométricas. Se fusionan materiales artificiales, procedentes de la

construcción con materiales naturales, como la madera y el agua. Encontramos la duplicidad de

la esencia del ser humano tras las paredes de sus obras: lo orgánico, libre, único e irrepetible,

con lo ordenado, lineal y geométrico.

En el fondo, a Frank Lloyd Wright se le ha denominado el arquitecto humanista, porque

es el primer arquitecto que transmite el espíritu del ser humano en sus obras, a través de esta

mezcla insólita de lo artificial y lo natural. Wright consigue integrar en sus constricciones las

cualidades de un ser vivo, un ser orgánico. La arquitectura está pensada para que el ser

humano encuentre la conexión innata con la naturaleza, en un espacio concebido por y para el

hombre. El mundo, ante Wright, se presenta en todas sus formas y, como una cascada de

inspiración el arquitecto se fusiona con la naturaleza, para crear obras que son odas a la vida y

al ser humano.

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Architecture, in its definition, has the artífice implied. It is a construction made by and for

humans that relies on our technique and our capacity for creation. It is an abstract and

geometric entity that appears insensitive towards nature. But the architecture of Frank Lloyd

Wright is beyond this definition. His perspective changed the way of conceiving the architectural

space during the twentieth century, giving a new meaning to design and blurring the lines

between artifice and nature.

If we return to the idea of construction, Platon stated that all that is produced, has been

produced and will occur, are due to ‘physis’, that is, to nature, to ‘techne’, the manual labour of

men or to ‘tyche’, to chance. For the philosopher, the greatest and most beautiful realities were

the works that were fruit of nature or chance, while associating the smaller ones to the manual

techniques of human beings.

The challenge that Wright discusses in his works blurs the borders that Plato determines

around creation. The architect succeeds in integrating these two opposing worlds that the

philosopher proposes. If nature is the great creator, Wright manages to integrate it into his work,

so that, in his constructions, he combines natural spaces with artificial ones. In this dichotomy

lies the key of his work, in the harmony between the constructed and the natural world.

This way, Wright organises space in the way that organic forms and silhouettes are

organised, and at the same times, geometric lines. Artificial materials are fused, coming from

construction with natural materials, such as wood and water. We find the duplicity of the

essence of the human being behind the walls of his works: the organic, free, unique and

unrepeatable, with the clean, lineal and geometric.

Ultimately, Frank Lloyd Wright has been called the humanist achitect, because he is the

first architect to convey the spirit of humanity in his works, throughout this unusual blend of the

artificial and natural. Wright manages to integrate the qualities of a living being, an organic

being. The architecture is aimed at humans to find the innate connection with nature, in a space

conceived by and for men. The world before Wright is presented in all its forms, and as a

waterfall of inspiration, the architect joins forces with nature, to create works that become odes

to life and humanity.